viernes, 23 de enero de 2009

Heladería El Rosedal: Otro Enigma Lujanense…


Para más de una generación de Lujanenses, la Heladería El Rosedal era sinónimo casi exclusivo y excluyente de Helado. Es que en los años de mi crianza, ya saben que en este blog hablamos de las décadas del 60’s, 70’s y hasta mediados de los 80’s, el helado era un producto absolutamente estacional. No existía el hábito de consumir este producto durante el resto del año, por lo tanto el negocio también se limitaba a dicha época del año. Esa fue seguramente la poca competencia que enfrentaba El Rosedal, como excepción se puede citar a la “Heladería Aconcagua” que pocos podrán recordarla… Se encontraba frente al Club Platense, era atendida por la familia Recalde, si mal no recuerdo, y básicamente se dedicaba a la venta de productos lácteos, aunque en realidad el universo del conjunto “lácteo” en aquellos años se limitaba prácticamente a la dispensa de lecha fluida. Por lo tanto, El Rosedal, el que yo conocí, se encontraba frente a la Plaza Colon, era un local muy angosto, lo intuyo de color rosado, con las grandes heladeras de antaño que resguardaban el manjar pero que a su vez irradiaban gran cantidad de calor hacia el ambiente; con el cucurucho gigante y multicolor de cemento en la puerta, que era por entonces la carta de presentación de las heladerías, y desde entonces atendida por CACHUMBA. He aquí uno de los primeros misterios… ¿quien era Cachumba?, ¿Cuál era su nombre de pila?, ¿Qué hacía el resto del año?,etc. etc. En realidad para mi mente infantil, Cachumba era el DUEÑO, era el Sr. Massera en persona, todo empezaba y terminaba en el, era el que supervisaba los empleados, el que manejaba la caja, el que eventualmente servía un helado, el que conocía a todo el mundo, el que era conocido por todo el mundo…Hasta nosotros, los pibes, nos animábamos a llamarlo por su apodo, al cual respondía con igual atención que cuando era nombrado por un adulto, es decir nos daba igual jerarquía, por lo tanto como todo reconocimiento generaba el sabor de sentirse apreciado, reconocido por Don Massera…
Así que como casi todo en la niñez, ese mundo presentaba ribetes de brillo idealizado… enterarse que Cachumba era solo un empleado , que estaba allí por un sueldo… era una decepción equivalente a enterarse que los Reyes son los padres, a la cual nuestra mente embate con la negación… no puede ser cierto… Como ese hombre bajito, con sus grandes anteojos, conocido por todo el pueblo, que nos recuerda los momentos estivales, la época que no hay clases, la salida dominguera rematada con el helado de frutilla y chocolate, los largos días del verano; No es quien creíamos… Como toda caída ideal, siempre se pasa de la perplejidad y negación inicial a una paulatina aceptación cabizbaja. Cachumba era un empleado, y mas allá que luego la Empresa de Helados Massera, alcanzo un vuelo importante mas allá de la Ciudad, que a todos nos hacía sentir orgullosos de la misma, como si tuviéramos acciones en la Empresa, que nos hacia decir ante eventuales interlocutores cuando veíamos un local en la Costa Atlántica o en Buenos Aires, ¿sabés que los helados los fabrican en Luján?. Luego entonces de su apogeo y que El Rosedal acorde al desarrollo de la firma, se viera renovado con un local acorde a su esplendor, El Rosedal entonces … como la firma, quedo reducido solo a espinas. Y que fue de Cachumba?… algunas voces lo dieron por muerto, otras dijeron que no, que se encontraba en el interior del País con un prospero negocio, etc. etc. Como sea, a veces a los mitos hay que mantenerlos como son, porque de lo contrario pierden su función y eficacia… Lo cual no quita que si alguien quiere dejar un comentario que aporte datos, como siempre serán bienvenidos por el autor del Blog. Pero al titular la nota hablaba de enigmas, Cachumba era uno, también podría citar el nombre mismo del comercio, ¿porqué El Rosedal? ¿a que Rosedal alude?, y también porque no, en mi pequeña mente siempre parecía increíble: ¿Cómo hacía los empleados para encontrar en la intrincada red de “tapas” metálicas de forma redonda que cubrían el tacho del helado, cual correspondía a tal gusto, como hacía el heladero para discernir el lugar donde se encuentra la Crema Rusa y la Vainilla, parecía mas fácil entender la Tabla Periódica de Elementos que dicha organización…

martes, 20 de enero de 2009

Plaza Colon: De cadencias armónicas y decadencias…..




Tal como cita el periódico El Civismo en su edición del Sábado último http://www.elcivismo.com.ar/edicion/2009/enero/17/7446masinfo03.htm , la plaza Colon pareciera encontrarse en un estadio terminal. Al respecto quería compartir una evocación y también una reflexión. Respecto de la primera, me remonto a mediados de los 70’s e inclusive la primera mitad de los 80’s. En mi cabeza, los espacios de la plaza se configuraban con armónica cadencia según un peculiar trazado: por la Calle San Martín un paseo eminentemente familiar, era también “la vereda” de transito hacia el resto del “Centro” y también la vía de retorno. Esta particular disposición se articulaba con la primitiva Heladería El Rosedal, la cual amerita un post por separado, los helados formaban parte del “combo”, palabra que por aquella época no poseía ningún significado, de las salidas de fin de semana. Ir al Centro, tomar un helado, sentarse en la plaza, ver pasar los autos, ver pasar los otros vecinos, ver pasar….
Dentro de mi particular topología de la Plaza, las calles laterales (obviamente es cuestión de perspectiva y de relatividad jerárquica) eran espacios menos transitados, menos iluminados inclusive, mas aptos para las parejas que encontraban su cenit en las pérgolas de la Calle Mitre, donde no había luz en las mismas, o en su defecto era muy escasa, pero lejos de constituir un sinónimo de inseguridad, era una invitación para las pasiones de antaño, era la posibilidad de brindarse profundos besos, de “hacer el novio”. Llevar a una chica a las pérgolas de la Plaza, era todo un horizonte de lo que la pasión permitía, sustrayéndose del ojo público, o inclusive contando con la validación de la legalidad de antaño. En la zona central, caracterizada por el cantero circular y los bancos en rededor, el paisaje volvía su fisonomía “familiera”, las diagonales eran ante todo arterias de tránsito, y los pequeños pasajes intermediarios, volvían a cobijar a los noviecitos o proyectos de tal.
Esta es la sucinta evocación de la Plaza que bien podría titular a la manera de Les Luthiers, “Pequeña Topología no ilustrada del predio conocido como Plaza Colón, de su ubicación, de sus usos y costumbres, de lo que era y lo que fue”. Dejo para una segunda parte la reflexión…